Exploring what it means to be human, one story at a time.
Mundo de seda de araña
Adéntrate en el mundo imaginario de Fair
—Entonces, ¿qué te ha enseñado el señor Coulter, Mary? —se dirigió a su sobrina, intentando borrar de su mente el hecho de que la niña hubiera mencionado las palabras hechizo y espejo en una misma frase, sonriendo y llamando a un extraño por su nombre de pila en el proceso.
—Mira, mira el espejo —accedió Mary encantada.
El espejo estaba negro; el que estaba dentro había decidido retirarse para realizar el ejercicio. Mary tocó unos símbolos en la mesa que había frente al espejo, símbolos que parecían pintados sobre botones y que a Lucille le recordaron a runas, solo que parecían estar tejidos en una tela oscura que les permitía moverse de arriba abajo. Estaba tan fascinada por el movimiento de los botones pintados bajo los dedos de Mary que no se dio cuenta de que la pantalla se había vuelto de un amarillo brillante y, cuando por fin lo hizo, retrocedió de un salto involuntariamente.
—Siento haber preguntado —articuló con voz ronca tras recobrar el aliento—. No estoy muy segura de esto, Mary; entre la sangre y eso de cambiar el color de lo que te rodea, esto no puede ser bueno, ¿verdad? —le preguntó a su sobrina, con la esperanza de que la contradijera.
—En realidad, solo puede cambiar el fondo de la pantalla —explicó el que estaba en el espejo.
—Se refiere al color de la propia superficie reflectante —aclaró Lucille.
—Sí —respondió el del espejo.
—¿Y el marco del espejo? ¿Puede cambiar el color del marco del espejo? —preguntó Lucille.
—Desde el software no, no se puede —respondió el del espejo.
—Pero se puede cambiar.
—Podemos imprimir otra carcasa, sí.
—¿Imprimir? ¿Cómo? —Lucille abrió mucho los ojos.
—Podemos traer una impresora 3D, así es como fabricamos la mayoría de los componentes de esta consola —intentó explicar el del espejo y, al ver la mirada perpleja de Lucille, se le ocurrió otra idea.
—¡Espere! —dijo, y luego desapareció de la vista de nuevo para dejar que otro espejo se abriera en su lugar. En su interior, Lucille vio con incredulidad cómo un extraño artilugio mecánico parecía conjurar objetos sólidos de la nada.
—¿Está invocando materia de la nada? —preguntó Lucille, presa del pánico.
—No —la tranquilizó el del espejo—. Teje un polímero plástico, casi de la misma forma en que las arañas construyen sus telas. ¿Lo ve? Si mira de cerca, casi podrá ver el hilo.
—¿Qué es un...?
—¿Polímero plástico? Es una sustancia sintética que fabricamos en un laboratorio; así es su fórmula —abrió otro espejo y en él apareció una hebra animada, infinitamente larga, que giraba alrededor de una nube de letras C, O y H, como hilo recién hilado en un carrete.
Lucille pasó un rato en silencio, contemplando aquel hilo de letras que se desenrollaba sin cesar, preguntándose hasta dónde llegaría el conocimiento del espejo, completamente ajena a las interminables luchas de poder de Rosemary y al hecho de que se estaba haciendo muy tarde, limitándose a observar el brillo en los ojos de Mary. Nunca había visto a la niña tan feliz ni tan interesada en nada; su sobrina parecía casi irreconocible mientras intentaba concentrarse en esos diminutos botones pintados como si fueran el sentido mismo de la vida.
Thank you for reading.
If something here stays with you, you’ll find more stories, essays, books, and spoken work at francisrosenfeld.com.
© 2026 Francis Rosenfeld. All Rights Reserved.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!